Acá en Argentina, en estas -para Wall Street ignotas pero bajo vigilancia- tierras emergentes del fin del mundo, asoladas por hordas de dólares indómitos, las viñetas de humor político gozan de una propiedad tan notable como ominosa: la juventud eterna. Pero en contra de lo que podría pensarse, ese estado privilegiado no lo han adquirido gracias a las artes ocultas de un alquimista exitoso, o por el secreto arrancado a Dorian Gray o a los vampiros millennials de los Cárpatos. El mérito podemos atribuirlo al eterno retorno de las crisis políticas y/o económicas nativas. Es por ellas que, haciendo las veces de elixir, hechizo o fuente mágica, las viñetas políticas, una y otra vez, cíclicamente, rejuvenecen y vuelven a tener vigencia, como si el autor las hubiera hecho en plena crisis de turno; lo que me lleva a destacar que acá tenemos un segundo beneficio (en realidad corolario del primero) del que los humoristas de Finlandia, Australia, Canadá, Francia -y sigue la lista-, carecen por completo y es que acá el tiempo perdido en crear una viñeta de actualidad política se amortiza -como los cohetes reutilizables de Elon Musk-, reusándola en los sucesivos eternos retornos de la crisis que la inspiró.
Metatexto: por más increíble que te parezca, durante la redacción de este casi esotérico texto comenzó a sonar de fondo, en Youtube, "Forever young", de Alphaville. ¿Qué tal? ¿No está bueno para convertirlo en leyenda urbana?




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